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Marzo/Abril 2009
Hablemos Claro

Esto es lo que sabemos hasta el momento.

Invertir en normas en un marco económico desafiante

Quien no sabe lo que ha estado ocurriendo con la economía últimamente es porque posiblemente ha estado debajo de una roca. Por todos lados vemos noticias de inestabilidad y pérdidas financieras. Hace unos poco días, conversé con el Presidente del Consejo de la ASTM International, Paul Whitcraft, sobre este tema y los inevitables recortes presupuestarios que están reduciendo las funciones corporativas. Las personas involucradas en la normalización, me dijo, tendrán que trabajar más arduamente para hacer que se entienda el valor de la función de las normas. Cualquier persona familiarizada con los profesionales de las normas entenderá este enfoque. Las personas que desarrollan normas están ocupadas en el negocio de hallar soluciones. Mayor es el problema, más duro trabajan. A eso se dedican.

Inspirado por esto, decidí considerar seriamente qué otras cosas sabemos que son relevantes para los problemas que las corporaciones enfrentan este año. ¿De qué manera pueden figurar las funciones de las normas en la estrategia de una compañía para capear el temporal? Esto es lo que sabemos hasta el momento.

El proceso de desarrollo de normas incluye la interacción y contacto directo con pares y competidores. Allí se encuentra un gran activo. Mientras que el desarrollo de una norma es por su propia naturaleza una actividad técnica, ser miembro de un grupo también significa acceder a un mundo de mayor tamaño. Al ser miembro de un comité técnico se está en la primera fila para ver los avances de la industria; significa estar al tanto, entendiendo y anticipando las influencias y las fluctuaciones de los gobiernos y los mercados. Es la llave para las oportunidades, presentes y futuras. Es conocimiento, puro y simple, un bien indispensable tanto en tiempos buenos como malos. Es el antídoto para el aislamiento técnico y social en épocas peligrosas o de prosperidad repentina. Las personas involucradas en esta actividad y aquellas que la entienden saben que más allá de la situación, éste no es un punto para hacer economías.

La inversión en normas es una elección que hacen las compañías que entienden la importancia de su valor a largo plazo, que entienden que mientras algunas cosas pueden sacrificarse, los valores no; que saben que estos sacrificios no pueden hacerse con el valor fundamental de la compañía o el centro de su progreso. La normalización no es un elemento marginal de un negocio, es un pilar.

Mientras la economía global forcejea y las compañías toman decisiones difíciles, la función de las normas en una compañía se vuelve más importante, no menos. Éste es el motivo: la actividad comercial ha reducido su velocidad, no se ha detenido. La competencia aún es reñida, quizás más reñida ahora. El hecho es que más allá de su nivel o ritmo, se están haciendo negocios y la gente aún compra y vende. En algunos ámbitos, la tecnología sigue avanzando y cambiando rápidamente. Y la normalización sigue siendo los cimientos de todo esto, porque no es una actividad únicamente para los buenos tiempos. Es para todos los tiempos.

La mayor eficiencia, la reducción de residuos, el ahorro de recursos y los mejores métodos de producción se logran mediante el proceso de normalización. Son soluciones a las que se ha llegado a través de la experiencia colectiva de los miembros de los comités técnicos. Eso es la normalización.

Con el transcurso de los años, los miembros de la ASTM nos han demostrado que hay momentos en los que se debe trabajar duro, y que hay otros momentos en los que se debe trabajar aún más duro. En medio del peor desastre financiero mundial de nuestra historia, los representantes de DuPont, el departamento de plásticos de General Electric y otros líderes de la industria formaron un nuevo comité, el D20 sobre Plásticos. Corría el año 1937. Los países en todo el mundo estaban sufriendo los últimos coletazos de la Gran Depresión. Y de todos modos nació un nueva industria.

Éste es uno de esos momentos en la historia en que los que controlan los destinos de nuestras industrias deben invertir decididamente en la próxima generación de productos y tecnología porque llegará de todos modos, estén preparados o no. A través dos Guerras Mundiales y la Gran Depresión, los grandes hombres y mujeres de la ASTM nunca dejaron de trabajar, nunca dejaron de desarrollar normas ASTM. Para quienes no están familiarizados con este trabajo o su significado, esto puede no parecer gran cosa. Pero nosotros sabemos algo más. Sabemos que las normas nos han hecho salir adelante, han hecho que nuestras industrias sean más eficientes, nos han dado productos y procesos con los que solo habíamos soñado, han resuelto los problemas serios, han facilitado el comercio en el mundo y han reconstruido nuestra economía una y otra vez. Esto es lo que sabemos hasta el momento.

James A. Thomas
Presidente de la ASTM International