La realidad que hay detrás de la “norma única”
Cada caso es único
Por James E. Matthews
Se han seleccionado los siguientes fragmentos del discurso inaugural que dio James Matthews en el congreso Supporting Transatlantic Trade (Cómo apoyar el comercio transatlántico) del American National Standards Institute, (Instituto Nacional Estadounidense de Normalización, ANSI por sus siglas en inglés), que se llevó a cabo en Washington, D. C., en septiembre de 2008.*
En la industria y el comercio no hay dos sectores que enfrenten las mismas circunstancias. Algunos están fuertemente reglamentados e involucran amplias cuestiones relacionadas con la sanidad y la seguridad públicas, mientras que otros abarcan actividades apenas reglamentadas y sirven principalmente para constituir la base del comercio. Y en el medio quedan muchas cosas. Para algunos sectores, el reto viene de las tecnologías bien asentadas y para otros, de las tecnologías que surgen dinámicamente y de los mercados que cambian con rapidez. Cada caso es único.
En la industria, solemos decir que queremos “una norma única, una prueba única, que esté aceptada en todos lados.” Ustedes han escuchado eso varias veces en muchos lugares. Y también se usa para describir la situación ideal. Es como cuando los ingenieros queremos describir la batería ideal que nunca pierde potencia, la lámpara ideal que nunca se quema y los cables ideales que nunca tienen pérdidas. Si bien eso representa el ideal, ¿por qué no examinamos el mundo real en el cual nos movemos todos? Esa "norma única" es mucho más difícil de alcanzar de lo que creemos.
Cuando se habla de una norma, muchas personas creen que es una norma o una recomendación de la International Organization for Standardization (Organización Internacional para la Normalización, ISO por sus siglas en inglés), de la International Electrotechnical Commission (Comisión Internacional de Electrotécnica) o de la International Telecommunication Union (Unión Internacional de Telecomunicaciones) Internacional y muchas veces es realmente así. Ése es el resultado factible esperado por muchos de nosotros con el fin de obtener una norma de nivel internacional que provenga de esas organizaciones. Pero también sabemos que algunos sectores de la industria prefieren otra institución que no sea ninguna de estas tres por una cuestión de eficacia o para que se tengan en cuenta normas de interés para su sector industrial. La industria aeroespacial es un buen ejemplo de esto. Como algunas industrias y mercados están impulsados por los rápidos cambios de la tecnología, las normas se desarrollan ad hoc o por consorcios, impulsadas por la rapidez de respuesta al mercado. Y en el mercado actual las opciones son muchas.
La norma única que realmente importa
Si bien contar con una única norma es algo utópico, la realidad nos muestra que una norma puede provenir de una gran variedad de lugares. No existe ninguna organización u organismo normativo que satisfaga constantemente las necesidades de todos. Cuando me preguntan qué norma debería usar alguno de nuestros negocios, ya tengo una respuesta armada que sé que va a ser acertada siempre —digo que la única norma que realmente cuenta es la que nuestro cliente especifica y usa. La norma puede ser nacional, mundial o regional; lo esencial es que tenemos que satisfacer las expectativas de nuestro cliente.
La segunda cuestión de peso sobre la supuesta norma única es que los clientes son diferentes y valoran cosas diferentes a la hora de comprar productos similares. La funcionalidad, la versatilidad, la confiabilidad, los costos iniciales, los costos del ciclo de vida, etc. se evalúan en forma diferente según la filosofía del cliente. Por lo tanto, las prioridades y las decisiones tomadas cuando se crea una especificación o cuando se decide una compra se traducen en normas o expresiones distintas de la misma norma debido a esas diferencias.
Un tercer punto relacionado con la supuesta norma única es que a menudo se la considera una casilla tachada. Es un destino. Es un punto en el espacio. Y, en realidad, yo les sugeriría que más que un viaje es un destino. Porque, históricamente, las normas técnicas se escribían a menudo luego de que la tecnología ya estaba desarrollada y las decisiones del mercado ya se habían tomado, y para lo único que servía era para documentar la historia de esa tecnología. Y cuando las cosas se dan así, a nosotros en la industria, y al mercado no nos sirven de mucho. Ese tipo de norma también empieza a ahogar la innovación y las nuevas tecnologías, y gira en torno a un sola solución.
Sin embargo, me da gusto decir que en la actualidad tenemos un nuevo paradigma. Los productos cambian y evolucionan a lo largo de su ciclo de vida, los mercados emergen y se desarrollan; y aparecen nuevas tecnologías y materiales, que les ofrecen funcionalidad, valor y confiabilidad a sus usuarios. El concepto de “norma única” también deberá ir cambiando con el tiempo. Empieza con una serie de requisitos esenciales poco precisos. Pero, a medida que el tiempo pasa, se actualiza y evoluciona y, en cierto aspecto, envuelve la solución de consenso para esa aplicación y para ese mercado. Por lo tanto, es una norma dinámica durante su vida útil.
La importancia de la diversidad institucional
A menudo, las empresas dicen que quieren una norma, pero no logran hacer justamente eso. Las empresas podrían dedicar recursos a una sola institución y designarla como el lugar de preferencia para lograr la redacción de normas. Así, se nutriría a la institución elegida y se dejaría morir realmente a otros instituciones por la carencia de recursos. Sin embargo, el enfoque del desierto y del oasis casi nunca se usa en el mundo real. ¿Por qué? Bueno, por varios motivos.
Primero, no es fácil lograr que todas las partes interesadas coincidan en cuál será la mejor norma.
Segundo, si una facción sale perdiendo en un organismo normativo, podrá ir a otro a buscar que se redacte una norma que respete su elección.
Tercero, la rapidez de respuesta al mercado. Un grupo piensa que el Camino A es más rápido. Otro, que el Camino B es el más rápido. Cada uno va por su lado y terminan con dos normas para la misma actividad.
Y cuarto, las instituciones tradicionales y las tecnologías que compiten entre sí. Una industria usa tradicionalmente una determinada institución normativa y camino y otra usa uno diferente. Entonces, a medida que las tecnologías convergen, estos caminos se unen y aparecen normas que compiten entre sí de diferentes instituciones normativas que se ocupan de las mismas aplicaciones o productos. Esto se ve en la actualidad en algunos aspectos de las telecomunicaciones, de la tecnología de la información y de los dispositivos electrónicos de consumo.
Las características de las normas eficaces
A fin de cuentas, en la industria, por más que digamos "norma única", con frecuencia destinamos recursos sin reparos a varias alternativas por muchos de los motivos ya citados. Pero, al final, pareciera ser mejor contar con múltiples normas que ignorar a las instituciones normativas en las que su competidor pueda perjudicar a alguno de sus productos. Entonces, no le queda otra que ir a ese lugar. Como decimos: “Para ganar, debes estar presente.”
Por lo tanto, norma única significa en realidad la menor cantidad de normas posible, de cualquier institución normativa valorada por usuarios y clientes, y que en lugar de ser una norma fija, sea más bien dinámica.
Si lo anterior describe el concepto de norma única, vale la pena tomarse unos minutos para hablar de las características esenciales que debería tener una institución normativa para desarrollar una norma eficaz para la industria. Quiero compartir con ustedes seis requisitos imprescindibles que considero importantes.
El primero es la flexibilidad —permite que el proceso de desarrollo normativo cambie y evolucione a medida que los productos y los mercados recorren su ciclo de vida. La variedad de productos finales y de alternativas con diferentes ritmos y niveles de consenso garantiza que la herramienta adecuada está a mano lista para usarse.
El segundo requisito esencial es lo que yo llamo un consenso de calidad. Cuando digo consenso de calidad, quiero decir la habilidad de lograrlo en un nivel internacional relevante. Si se encara al mercado con una única solución, las necesidades de todos los mercados se reflejan en la norma que describe esa solución. Si se lo encara con varias soluciones, que representen diferencias contundentes debido a, por ejemplo, la infraestructura técnica o razones climáticas, esas soluciones deberían estar comprendidas en un nivel de igualdad total en la norma. Y también quiero decir que a nivel mundial, ningún grupo de interés secuestra y mantiene de rehén la norma para perjudicar otras regiones u otras soluciones tecnológicas que sean reconocidas y legítimas en los mercados a las que sirven.
El tercer requisito fundamental es la apertura y la accesibilidad. Los nuevos mercados y tecnologías aportan nuevos participantes. Las instituciones normativas deben estar abiertas y ser accesibles para las pequeñas, medianas y grandes empresas; y las barreras que impongan para el ingreso deben estar lo más bajas posibles para permitirles desenvolverse bien.
El cuarto requisito imprescindible es la diversidad. Las buenas normas surgen de la participación de la mayor variedad posible de interesados. Estos interesados deben representar a los usuarios y a los productores, deben abarcar los puntos de vistas de la industria, de los círculos académicos, del gobierno y de los consumidores. Y esto debe hacerse con equilibrio y sin la preponderancia de una de las partes o de algún interés.
El quinto punto esencial es contar con herramientas y procesos competentes. ¿Se cuenta con herramientas electrónicas que propicien el debate y el consenso por medio del Internet? La mayoría de nosotros usamos software que nos permite tener teleconferencias y compartir archivos en tiempo real en las reuniones a nivel nacional y regional. Estas herramientas funcionan bien cuando las regiones o los husos horarios comprometidos son uno o dos, pero es difícil llevarlas a un nivel verdaderamente internacional debido a la diferencia horaria. Entonces, necesitamos buscar herramientas que permitan un debate pleno en tiempo no real, que permitan pensar durante la jornada laboral y que también se adapten a los desafíos que plantean quienes no hablan inglés como idioma materno. Debemos volver a plantear y a estructurar el trabajo para lograr que funcione bien. Tenemos que definir los problemas en módulos que puedan debatirse fácilmente. Necesitamos ser capaces de complementar el trabajo que no se realice en tiempo real con reuniones presenciales ocasionales, usando tiempo escaso y costoso para resolver los puntos de discusión críticos.
El sexto y último requisito esencial es el coraje para cambiar a nivel local. Como comunidad, somos muy buenos para organizar grupos técnicos y comités, para poner los grupos a trabajar y para lanzarlos a medida que tratamos alguna necesidad que hayamos detectado. Y nuestra falla, tanto en lo particular como para el mercado, está en la gran lentitud para combinar, evolucionar y eliminar algunos de estos grupos técnicos luego de que hayan alcanzado su esplendor. Deberíamos poner más énfasis en el trabajo y en cómo facilitarlo y menos en la energía, en el prestigio y en el legado de la estructura técnica duradera que deja de ser tan eficaz a medida que van evolucionando sus mercados y tecnologías. Tenemos que desarrollar el coraje para achicar distancias, combinar los grupos de trabajo, disolverlos cuando se vuelvan obsoletos y, lo más importante, lograr la interacción de varios grupos para un objetivo común.
Si se logran los seis requisitos esenciales, entonces el proceso de normas puede considerase todo un éxito.
*Las ideas y los comentarios vertidos en este artículo no necesariamente representan el punto de vista de Corning Inc., sino la experiencia y los comentarios del autor a partir de los años que viene participando en grupos que desarrollan normas a nivel nacional e internacional.
Como director de normas técnicas y política normativa, James E. Matthews encabeza actividades de ingeniería relacionadas con las normas en todo el mundo para muchas divisiones comerciales de Corning Inc. Matthews ha desempeñado funciones de liderazgo en distintos comités de varias instituciones normativas nacionales e internacionales, como la Telecommunications Industry Association (Asociación de la Industria de las Telecomunicaciones), la International Electrotechnical Commission (Comisión Internacional de Electrotécnica) y la International Telecommunications Union (Unión Internacional de Telecomunicaciones).