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Julio/Agosto 2008
Palabras Claras

Normalización e innovación

En esta columna, a menudo escribimos sobre el impacto de las normas en el comercio. Enumeramos los aspectos positivos de nuestras normas, destacando que no solo traen salud, seguridad y sustentabilidad a las personas y economías enteras, sino también orden y dinamismo al sistema mundial de comercio. ¿Pero qué sucede con la innovación? Durante años hemos escuchado el argumento que sostiene que la normalización ahoga a la innovación. Otros sostienen que no es así. Sin embargo, el tema no es tan sencillo.


Si hablamos de las tecnologías o productos más nuevos con corta vida en los escaparates, la creciente ola de evidencia indica que las normas están teniendo un impacto cada vez más positivo sobre la innovación. La normalización y la innovación están vinculadas más estrechamente porque la tecnología ya no es lo que solía ser, y por primera vez en la larga historia de la normalización, la investigación y el desarrollo tienen su lugar en el proceso. Esto es diferente a lo que solía ser, cuando se consideraba que la I&D y la normalización eran actividades consecutivas.


La innovación puede calificarse con poco rigor como algo nuevo. El modo en que las compañías manejan las nuevas ideas, los nuevos productos o los nuevos procesos puede marcar una gran diferencia en el mundo. Literalmente. Las compañías que entienden la ayuda que les brinda la normalización en el mercado también entienden el principio básico de mantenerse al frente de la competencia: transformar nuevas ideas en normas desde el principio del juego. La revisión regular de las normas garantiza también que las mejoras en los productos y los avances tecnológicos se incorporen prontamente. La normalización, al igual que la innovación, jamás descansa.


La normalización también está apareciendo en etapas cada vez más tempranas del desarrollo del producto, porque, al igual que la tecnología, los productos ya no son lo que solían ser. En el presente, el proceso "del concepto a la estantería" rara vez se da bajo un mismo techo. Existen millones de productos en la actualidad cuyos componentes se diseñan y fabrican en diferentes lugares, se montan en otros, se embalan en otros diferentes y se distribuyen a todo el mundo. Para productos como estos, deben planificarse y normalizarse las medidas, materiales y múltiples requerimientos reglamentarios en una etapa temprana.


Las organizaciones normalizadoras son conscientes de este cambio en la distribución de los tiempos. Un informe del Instituto Alemán de Normalización (DIN) ha destacado que la normalización resulta necesaria para formar la base de una innovación exitosa, y a menudo constituye esa base. El estudio sostiene, entre otras cosas, que las compañías que participan activamente en el trabajo de normalización cuentan con ventaja sobre sus competidores para adaptarse a las demandas del mercado y las nuevas tecnologías.


El concepto básico que sostiene que participar en la normalización garantiza el éxito en el mercado no ha cambiado. Lo que está cambiando es la distribución de los tiempos en los proyectos de normas. ¿En qué punto debe transformarse una nueva idea en norma o cuándo debe incorporarse a una? Las compañías lo deciden por sí solas, y obviamente, la respuesta no es la misma para todas las compañías o industrias. Pero la pregunta sobre el momento de incorporar una nueva idea al proceso de normalización debe ser una parte integral de la planificación y el desarrollo del producto. Para algunas compañías, la unión de la normalización con la innovación será una idea nueva. Y de eso se trata.