| El arma secreta de las empresas excelentes
“Lo bueno es el enemigo de lo excelente.” Así dice Jim Collins, autor del libro de más venta Good to Great (Bueno a Excelente). Es decir, ser bueno puede ser malo, si conduce a la complacencia e indiferencia.
Si paras a cualquier hombre o mujer en la calle y le preguntas quién elabora las normas que ellos dan por sentado a diario, vas a recibir una variedad de respuestas, pero casi nadie te diría, “Claro que yo, por supuesto.” Pero las empresas no pueden funcionar así. Las empresas excelentes no funcionan así. Las buenas empresas usan las mejores normas. Las empresas excelentes las desarrollan.
He aquí lo que las empresas excelentes saben. Saben cómo la normatividad afecta sus productos, sus procesos, cómo las afecta en el mercado, y cómo afecta a sus expertos técnicos. ¿En dónde pueden los expertos técnicos captar mejor el mercado que en un foro con sus colegas y homólogos? ¿En donde existe un mejor aula, un mejor laboratorio, un mejor conjunto de las mentes privilegiadas de la industria? Los expertos técnicos que desarrollan normas activamente junto con otros expertos son mucho más valiosos para una empresa que aquellos que trabajan aislados. Las empresas excelentes invierten en sus expertos, apoyan su participación en la elaboración de normas y les hacen caso cuando regresan de participar.
No hay forma de operar competitivamente sin utilizar las mejores normas, ya sea que el objetivo de una empresa sea capturar el mercado en su propia ciudad o en 17 países alrededor el mundo. Y no es posible ser líder en la industria sin participar en la determinación de la dirección que sigue su producto. La normatividad es el acto de invertir en la confianza que la empresa tiene en lo que hace. Es la transformación de esa confianza en la aceptación del público. Es el arma secreta de las empresas excelentes.
La normatividad es donde se conciben las mejores ideas del mundo. Es en donde la brillantez y la estimulación y el debate convierten en excelentes a los expertos buenos. Es donde las empresas ganan en la batalla por el mercado, antes de que el producto llegue ahí. Pero no es gratis. Requiere de un compromiso. Requiere de previsión y de una inversión de tiempo y de recursos. ¿Cuál función esencial de una empresa no los requiere?
Las buenas empresas pueden aprovecharse del trabajo de normatividad que las empresas excelentes realizan en su beneficio. Pero nunca serán los primeros; nunca explorarán los linderos de sus campos, ni se darán cuenta de las tendencias técnicas que se aproximan. Nunca lograrán dejar la marca de su empresa en lo que eventualmente se convertirá en la declaración que describe el producto y su desempeño. Qué desperdicio.
Para algunas empresas es suficiente ser buenas. Para otras, es apenas el principio.
|